Cena de camaradería de Junio

Fue bastante difícil llegar hasta la sede del Clásicos en la noche del jueves pasado; más tarde alguno dijo que había habido un accidente en la General Paz.El hecho es que todos quienes llegaban desde la Panamericana tenían más de media hora de demora; no obstante eso, la concurrencia estaba bastante animada, a lo cual contribuyeron los bocados que nos había preparado Abelardo y que llegaban a las mesas en sutiles oleadas.

Muchas caras nuevas, amigos del Suizo que habían sido especialmente invitados para festejar su cumpleaños, un par de ellos se llevaron copias de la Solicitud de Inscripción con interés; nos parece muy bueno lograr que nueva gente se interese por nuestras actividades y que nos acompañen como nuevos socios; si eso desean, son siempre bien venidos.

En cuanto llegó el Suizo, uno de los demorados en la Panamericana de los que hablaba antes, se sirvió la comida. El menú muy bueno y muy bien servido, como ya es costumbre en el Clásicos. Una carne asada con ratatouille en salsa agridulce, riquísima, un postre de Peras al borgoña con crema, también riquísimo, café con bocaditos de chocolate.

Todo estuvo regado con un excelente Bianchi Particular, que había
llevado el Suizo para agasajar a los asistentes. No faltó la torta de cumpleaños, gentileza del Club Alfa Romeo, un crumble de manzana coronado por una velita que el Suizo sopló como al descuido.

A los postres, como se suele decir, se comentaron algunos temas del Club, de la nueva sede administrativa, de la invitación a acompañar el próximo Alfa Day, del desarrollo ya avanzado del proyecto Rally a Colonia y, a renglón seguido, el Suizo nos regaló algunas anécdotas de su inacabable cosecha.

Linda noche, linda gente, la pasamos bien, como siempre, entre amigos, anécdotas y las cosas de nuestros Alfas. Vale la pena mencionar, en particular, tres cosas que dejó la cena. La primera, el Q4 del amigo del Suizo estaba mortal; la segunda
el 156 Kit Sport de Luciano quedó literalmente ¡espectacular! y la tercera los videos de Juan Ponzio, cuya generosidad de compartirlos, es tan grande como la colección de que dispone. ¡Una maravilla!

por Francisco Yantorno

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