Reseña: Cena de Fin de Año

El sábado empezó temprano con una noticia que no por anunciada dejó de ser impactante: Alfa Romeo otra vez en la máxima! Ese fue el prolegómeno, en el chat, de nuestra cita nocturna, que fue celebrar el cierre de las actividades extraordinarias del Club del 2017.

Desde temprano ya estaba Dany Alegre instalando sus equipos de sonido para obsequiarnos la música de la discotheque en que se transformó el entorno del Anasagasti y colaborando con Juani Mártire y Nico Aiello en la instalación de los músicos que acompañarían la comida y acomodando el bar y los livings, donde los invitados empezaron a reunirse a medida que llegaban. La noche venía dudosa, porque no sabíamos si el pronóstico acertaría y habíamos estado mirando los sitios as hoc desde el principio de la tarde, hasta que más o menos a la 5:30 el Windguru marcó que el inicio de la lluvia iba a ser después de las 9 pero antes de las 12, y nos llevó a la decisión más lógica: livings de recepción afuera, mesas para cena adentro. Acertamos.

Eran las 9:30 y ya había unos cuantos amigos tomando tragos y charlando en los livings en el estacionamiento, donde se lucían dos de los Alfa mejor presentados que tenemos en el Club, la Alfetta GTV de Adolfo Ablático y la 146ti de Francisco Yantorno. Los dos Rosso Alfa, lo que en términos menos técnicos puede traducirse como rojo pasión o rojo sangre. El brillo de la laca devuelve la imagen de admiración de la cara con que se miran esas bellezas. Los detalles, los interiores impecables, el vano motor como un alhajero. Un regalo para los sentidos.

Saludos, sonrisas, abrazos y más abrazos, más saludos y sonrisas, y sentarse un minuto en esta mesa un minuto en otra, charla liviana, y mientras comenzaba a redondearse el ambiente de una reunión que prometía, llegó la hora de pasar al comedor. Una vez ubicados llegaron las paneras, el vino (si es de Trapiche no falla), las gaseosas y el agua. De inmediato la gente que nos atendía, a quienes debemos agradecer la eficiencia, comenzó a servir en las mesas una bondiola de cerdo con panaché, que estaba realmente exquisita, de la cual dimos cuenta rápidamente.

A la par, comenzaron a hacernos más dulce la velada los músicos, invitados por Dany, que se responsabilizó por la música en toda la línea. Mucha bossa nova, alguna trova, cositas de esas que acarician los oídos y alegran el espíritu sin estridencias. La bondiolita dejó lugar al postre, un bombón helado con jarabe de frutos rojos muy rico y finalmente a la entrega del premio al campeón del Campeonato Interno del Club, otorgado al mejor puntaje total obtenido por la suma de los puntajes de todas las pruebas de pista y Rally del 2017. El ambicionado galardón correspondió al maestro de la muñeca, Sergio Moretti, a quien tuve el placer de entregarle el máximo premio que da el Club. Las voces reclamando que se le corten las manos, no hicieron más que testimoniar la maestría con que el colorado llevó ese cacho de torque con ruedas, ese Alfa 147 JTDm que acelera y dobla como lo que es, un Alfa Romeo.

Terminada la entrega, pasamos a sortear los regalos provistos por nuestros patrocinantes. Así, paso a paso y número a número, se fueron yendo los cafés Segafredo Zanetti, las pastas De Cecco, los espumantes Novecento de Bodega Dante Robino, los vouchers para una sesión de detailing de Shine Fix y las corbatas de seda y los auriculares profesionales de Philips Iluminación. Las palabras del nuevo Presidente Juani Mártire al mencionar su emoción por emular a su padre en la conducción del Club, fueron sencillas pero plenas de emotividad. Las copas de champagne que llegaban nos decían que arribábamos a la hora del brindis y eso hicimos. Y otra vez los saludos, los besos, los abrazos, las sonrisas. El afecto por este Club.

Comenzó a escucharse una música que provenía de los fondos anunciando que la Disco abría sus puertas. Allá fuimos, y nos encontramos a Dany en pleno uso de sus facultades como DJ. Nada improvisado. Música de los ‘80s, luces psicodélicas, humo en el aire. Eso estaba bueno! Era cuestión de soltarse y, la verdad, la musicalización invitaba a los “viejitos” a acercarse y meterse en la onda bailable. Si hasta se vio al Suizo acercarse raudo y veloz, muleta en mano, en dirección a la pista de baile. Lo que invitaba, también, además de la música, era una descomunal barra, atención de la CD, para todos los gustos. Buenísima. Con el correr de los temas fuimos en un viaje sin retorno, de la mano del Diyéi, de YMCA a Despacito, sin escalas y sin solución de continuidad.

Los mozos saludaban mientras se iban yendo y Abelardo de tanto en tanto se asomaba para ver si todavía estábamos ahí o si Dany había dejado una playlist ejecutándose y estábamos todos tirados por el suelo. Prudentemente, los jovatos empezamos a arriar las banderas, medio acalambrados por el esfuerzo, con la vista nublada por el alcohol y agobiados por el peso de la pilcha, que a esa altura ya empapada debía pesar como 20 kilos. Y nos fuimos. Supongo que para alegría del vecindario, que ya debía tener los tímpanos fisurados y le palle a terra.

por Fredy Yantorno

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