SESSANTA E QUARANTACINQUE EN HURLINGHAM
Me puse a trabajar en un comentario breve de lo que pudimos disfrutar el mes pasado en nuestra reunión en Hurlingham, pero pensando en todo lo que había pasado, lo que pude experimentar y sentír, me di cuenta de que siempre todo lleva al fundamento, el por qué, la causa. Es que como hemos dicho más de una vez, al fin de cuentas somos una agrupación mancomunada, motivada y cohesionada por el afecto, mucho afecto. Recordemos que somos una reunión de personas con un interés especial por la marca Alfa Romeo y por los automóviles que la llevan, que tenemos un Alfa porque amamos a la marca, y nos gusta reunirnos con otras personas que, también, aman a la marca y a las máquinas que la llevan. Esas personas tienen una experiencia de la marca Alfa Romeo que otras personas no tienen, ven en ella cosas que otros no ven, sienten por ella cosas que otros no sienten. Y como eso nos ocurre con todos los Alfa, no solamente los clásicos, no aceptamos ninguna limitación en cuanto a la antigüedad de las máquinas, no somos un club de automóviles antiguos ni clásicos ni deportivos. Somos un club para los dueños de automóviles Alfa Romeo en Argentina. Pensando en esas cosas, también me vino a la memoria algo que pensé cuando con un grupo de amigos decidimos que el Club debía sobrevivir. Todo grupo funciona con dos tipos de energía, la del interés y la del afecto. Si hay mucho interés pero poco afecto, la cosa se siente ajena, inapropiable; si hay mucho afecto pero poco interés, aunque se la sienta propia de a poco irá creciendo la indiferencia, sobre todo cuando cobren relevancia cuestiones que necesitan la fuerza del interés para moverse. La tarea es mantener ambos tipos de energía equilibrados. Con esa intención trabajamos, contemplando el interés tanto como el afecto. Porque queremos a la marca Alfa Romeo y amamos todas las máquinas que llevan ese nombre, pero también queremos que perviva el Club porque es nuestro lugar espiritual de pertenencia, nos lo apropiamos e invitamos a nuestros amigos a hacer lo mismo. Con esas certezas como marco, el pasado sábado 19 de septiembre, llevamos a cabo la celebración de los 60 años de la Spider y los 45 años del nacimiento del Club en el predio del Hurlingham Club. Conocí el Hurlingham hace unos cuantos años y de verdad no recordaba casi nada, con lo cual fue una agradable sorpresa encontrarme en un sitio realmente agradable, muy adecuado para la escala del encuentro que nuestro Club propiciaba: una reunión de amigos, como es usual. Cuando hablamos de las actividades del Club, se trata de descripciones de situaciones diversas, diiferentes circunstancias, distintos lugares, distintos motivos, pero en todos los casos la causa es poder dar y recibir afecto. Como es habitual, la tarde anterior quise levar a lavar lan Spider y, oh sorpresa, el muchacho que desde hace meses la venía lavando manual y delicadamente ¡no estaba disponible! Ya estaba empezando a oscurecer y yo iba entrando en pánico. ¿Llevarla a casa y lavarla yo? Sin luz natural veo sólo el lateral del conductor; podía hacer ese lateral y después invertir el orden de marcha y lavar el otro, pero esas maniobras de entrada y salida de la cochera siempre me parecieron un poco peligrosas. ¿Para qué arriesgarse cuando el lavadero “Los muchachos” estea a cuartro cuadras sde casa? Error, sideral error. Evidentemente no medí correctamente el riesgo o la naturaleza del riesgo, porque cuando retiré la Spider ¡le habían arrancado la ruedita que regula la inlclinación del respaldo de la butaca! Rota como para no poder arreglarla más. Me fui para la cochera pensando si se conseguiría ese repuesto y cuánto costaría, cargué en el baúl as cosas de gráfica que normalmente llevo y caminé hasta casa. A domani! El amanecer me regaló la rimera alegría, desde la ventana de mi dormitorio se podía ver un cielo azul que perometía un día… alfista. Eso me mandó el cortisol a tope. Salté de la cama como si tuviera varios años menos, dejando a Dolores con la compañía de Vito, mi fiel mascota felina. Disgresión: No estoy seguro de que Vito me quiera, Lo que uno podría interpretar como acercamiento afectuoso en realidad es frotarse para dejar su olor, marcar la cosa o el fulano en cuestión (yo) como algo propio que de nuinguna manera aceptará compartir con Akila, la otra mascota felina, que no es mía y por eso no digo mi otra mascota felina. Como decía, me levanté rápido, me di una ducha, me vestí, me tomé un café con una tostada con queso crema, le di un beso a Dolores y salí de casa. Al salir me di cuenta de que la promesa se cumplía y el día se estaba poniendo definitivamente espectacular. Estaba de tan buen ánimo que ni el tráfico de Avenida Córdoba, un plomazo como siempre y a cualquier hora, podía bajármelo. Con ese mismo ánimo emprendí el viaje a Hurlingham. Como dije antes, conocía Hurlingham y el Club Hurlingham de hace unos cuantos años, así que hubo varios puntos en el camino que me trajeron recuerdos. La primera vez que pasé por la sociedad de “Tiro al Segno” pensé que era algo de tiro al blanco, pero deseché la idea porque me pareció demasiado obvia, así que por un buen tiempo decidí que era un club de una especie de juego de pelota paleta, como un badmington italiano. Llegué. Siempre es lindo llegar, pero esta vez el día tan espectacular lo hizo más lindo. Ya había unos cuantos amigos con sus bellas máquinas, no fui de los primeros pero tampoco de los últimos. Casi en seguida se terminó poblando el amplio espacio de estacionamiento, amplio y con un verdadero acierto: lo más deseable para un alfista que se precie de tal es que ese espacio esté exactamente al lado de las mesas en las que se servirá la comida, y este estaba exactamente así, literalmente al lado. Cuántos y qué bellos Alfas! Es cierto que el evento festejaba los sesenta años de la Alfa Romeo Spider -AKA Duetto- y también es cierto que estaba muy bien representada, pero había más, muchosn más, un montón de Alfas que, como diría Diego, uno se llevaría a casa. A los postres, como suele decirse, procedimos a entregar diplomas a los asociados y amigos que concurrieron con sus maravillosas Alfas Spider, testimoniando nuestro agradecimiento por su puesta en valor para el disfrute de todos; y también sorteamos unas cuantas tazas decoradas, gentileza siempre de Robert Landler, más unos pins del Club, que prometemos entregar a la totalidad los socios en una próxima oportunidad. Como también se festejaba el cuadragésimo quinto aniversario de la creación del Club, como presidente, dirigí unas palabras a los asistentes, agradeciendo la presencia de quienes se acercaron con sus bellas máquinas y nos permitieron disfrutarlas, remarcando la constancia y consistencia con que los socios acompañan las propuestas de nuestra Comisión Directiva, y sobre todo, tratando de recuperar en mi discurso ese espíritu del que hablaba en el comienzo de este texto. Terminado mi parloteo, pudimos proceder a cerrar el evento y retirarnos de ese hermoso lugar que tan bien nos cayó. ¡Volveremos!







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