Raduno Italiano 2026

El sábado 18 fue un día muy particular. Empecemos por decir que después de muchos días de humedad y lluvia salió el sol, eso solo ya habría sido motivo de alegría, pero, además, era el día del Raduno Italiano® del Club Alfa Romeo, así que esa alegría debía ser multiplicada como mínimo por dos. Si a eso se le suma que la convocatoria fue tal como la esperábamos, la alegría del comienzo debía multiplicarse por tres. Pero vayamos por partes. Conocíamos el Granero por haberlo visitado unos días antes y recuerdo que mi impresión fue que el lugar se veía más lindo in the flesh que en las fotos que había visto en redes sociales, las cosas que se podía ver eran las mismas, los espacios similares, pero había un impacto inicial, una impresión que daba como resultado una totalidad muy agradable a los sentidos. Digamos que Granero prometía y, como pudimos apreciar el sábado, cumplió con creces.


Hacía un buen rato que no salía con la Spider, ella lo necesitaba y yo también, así que el viernes hubo baño y ligero lustrado, y una buena cepillada a la gabardina de la capota; sabía que no la iba a levantar, pero aún estando baja igual estaba perfectamente limpia y cepillada, y yo lo sabía. Eso me hace reflexionar que aunque me gusta que algún amigo la mire y diga “¡Che, que linda está!”, en rigor de verdad lo que más me gusta es que me guste a mí. ¿Egoísmo? ¿Egocentrismo? Nop, eso se llama “Alfacentrismo.” La cuestión es que a paso tranquilo, con Lola a mi lado y disfrutando del paisaje de Palermo libre de gente a la mañana temprano; es linda Figueroa Alcorta (Figueroa Alcorta a la mañana de un día como el sábado es para viajar capelli al vento o nada), medio atascado el puente Scalabrini Ortiz, ¡Cantilo taponada ya a las ocho y media!, General Paz razonable, Panamericana, ramal Tigre, Camino de los Remeros, Santa María de las Conchas, Olivares… Granero.


Al llegar, la misma sensación de que no podíamos haber elegido un lugar mejor. Cuando llegamos ya estaban el tesorero y el vice en plena labor, más algún participante tempranero. Bajamos los banners y unos souvenirs que hizo Lola para la ocasión, y que habrán logrado probar o llevarse, si en sus mesas no anduvo el Suizo, que se comió todos los de nuestra mesa y pedía más. En seguida comenzaron llegar socios y amigos en sus magníficas máquinas. Ya había una Spider de los ’60 y la de Sergio, y llegó una Spider más y después otra, una Alfetta, un Fiat Tipo espectacular, una Lancia Fulvia divina, un Fiat 125 de esos que pareciera no haber más, un Fiat Uno de película, una 916, una 156, una 155 Q4, una 156 de Vicente, un amigo que decidió cruzar el charco, de un color celeste pastel que juro no haber visto nunca antes. Y siguieron llegando, un 155 del ’94 que estaba divino, un par de las siempre atractivas Bertone, y más.


La recepción se sirvió en la terraza, un amplio espacio con sillones y mesitas y mucho verde, que daba justo sobre el estacionamiento, así degustábamos cosas ricas mientras mirábamos bellezas automotrices; los vol-au-vents de salmón con crema de palta fueron lo más destacable, aunque las empanadas estaban muy pero muy ricas y unos pinchos caprese también arrimaban su buen sabor (la muzzarella de los bocconcinos estaba muy especial). Y en la barra servían de todo, literalmente, aunque pensando en que la jornada iba a ser larga yo decidí no pasar de la limonada.


Después vino el almuerzo, servido en el estupendo salón de Granero, realmente divino el lugar, excelentemente ambientado con un look cuidada rusticidad, mesas grandes pero suficientemente separadas una de otra, sensación de ambiente muy aireado y fresco. La comida, servida por un notable número de mozos súper eficientes, se inició con unos buñuelos de espinaca, acompañando una provoleta con pesto y tomates secos. El plato principal permitía elegir entre: bife de chorizo con papines, aceitunas y cherries; ravioles de picota y espinaca con salsa de tomate albahaca y hongos; trucha patagónica con crema de espinaca, puré de zanahoria y un milhojas de boniato que la rompió, literalmente y ensalada de endivias queso azul, palta, espinaca, palmitos asados, garrapiñada y vinagreta de mostaza. Todo una exquisitez, yo preferí la trucha estaba estupenda y, como ya dije y reitero, el milhojas era delicioso. De postre sirvieron torta vasca con coulis de frutos rojos y helado de crema; muy rico. Y al final unas copas de espumante para cerrar una comida comme il faut.


Al finalizar el almuerzo, el Jurado compuesto por los socios Diego Marín y Marcelo Beruto, enregó el listado de autos (y sus dueños) premiados en esta edición XIX del Raduno Italiano®. En esta oportunidad se prescindió de categorizar a los participantes, la lista única de premiados fue la siguiente: 1ro- Giulietta Spider de Héctor Fernández, 2do- Alfa GT 1300 (AKA Bertone) de Ariel Reinhold (propiedad de Victoria Tasselli), 3ro- Lancia Fulvia de Eduardo Di Costanzo, 4to- Spider 2000 de Augusto Basanetti, 5to- Lancia Beta Spider (AKA Spider Zagato) de Dany Alegre, 6to- Alfa Spider 2000 de Daniel Galeano, 7mo- Alfa 33 16V de Norberto Potenza, 8vo- Alfa 155 Q4 de Gabriel González, 9no- Alfa Mito Veloce de Nicolás Navas, 10mo- Alfa 156 TS de Martín Gracilieri. El jurado, además, decidió otorgar tres menciones: Mención especial del jurado- Fiat Tipo Sedicivalvole de Daniel Cuda, Mención al que me llevaría a casa- Fiat Uno Turbo de Gabriel González, Mención al que vino de más lejos- Giulietta Distinctive de Gianfranco Pascualín.


Después de otorgar los diplomas de reconocimiento y los regalos correspondientes a cada uno, se sortearon varios obsequios de nuestros amigos auspiciantes Mannol y Tealosophy.
El Raduno Italiano® de este año se extendió un poco más allá del horario prefijado, claro indicio de que no había muchas ganas de irse y sí, en cambio, deseos de que siguiera un rato más; finalmente y con paso demorado, los amigos fueron yendo a buscar sus máquinas para ir emprendiendo el regreso, después de un día que no será fácil olvidar. Y así, aquella alegría que al comienzo sugería multiplicar por dos o por tres, al final de la jornada se había convertido en una alegría cuya multiplicación ya no era aritmética sino geométrica.


Gracias a los asistentes porque el Raduno Italiano® es para ellos y sin ellos no es; gracias también a los amigos de Mannol, en particular a Roberto Salvatori, a nuestra nueva amiga Inés Berton de Tealosophy, a los nuevos amigos de Granero de Milberg, en especial a Carlos y a Ricardo, que resultó un fenómeno gerenciando todo el servicio, y al servicio en general: recepcionistas, bartenders, mozos y los cocineros, que llenaron nuestras mesas de delicias; y gracias a nuestros consejeros directivos por querer ser parte de esta gestión.


Queridos amigos, si Dios quiere nos estaremos viendo en el AlfaDay. ¡Hasta entonces!

por Francisco Yantorno

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