GRAN CENA DE FIN DE AÑO 2022 DEL CLUB ALFA ROMEO ARGENTINA

Y así, encuentro tras encuentro, crónica tras crónica, casi sin darnos cuenta fuimos llegando al final del 2022. No voy a hacer en estas pocas líneas un detalle de lo que fue el 2022 para el Club, ni de todas las reuniones en las que nos encontramos y tampoco de cómo disfrutamos de esos encuentros, pero ¡qué año! Intenso y lleno de actividades. Y para cerrarlo con un final “a toda orquesta” nada mejor que una Cena de Fin de Año comme il faut y ¡qué cena! Una verdadera fiesta.

Ya desde los preparativos y viendo una lista de comensales que se hacía cada vez más extensa, nos dimos cuenta de que prometía marcar un hito en cuanto a la concurrencia, y aunque eso por sí solo no garantiza el éxito del evento, es un factor que empuja para adelante y pone delante la exigencia de estar a la altura, y parece que a nosotros, como Comisión Directiva, se nos viene dando bien esto de ponernos a la altura de la exigencia y seguir levantando la vara. Pero que no se me malentienda, que no estoy poniendo laureles sobre nuestras cabezas, lo que quiero decir es que hemos logrado que lo que sale bien nos empuje para proponernos mayores exigencias, y como los amigos consocios acompañan, también esa compañía empuja.

El segundo factor a favor de la reunión fue el clima, que nos acompañó con una brisa suave que se prolongó a lo largo de toda la noche; recuerdo que al llegar me detuve unos instantes antes de entrar al salón, miré el río y pensé que poder disfrutar de ese lugar es un verdadero privilegio.
Así que, como tercer factor debemos señalar la excelente relación con el Club Náutico Olivos, que fuimos construyendo día tras día con los buenos oficios de nuestro Presidente y su inacabable lista de amistades y relaciones, sumado esto a que, según parece, nos vinimos portando suficientemente bien y, además, porque hay una dupla de marinos a quienes debemos agradecerles su excelente predisposición y su muy buena voluntad para con nuestro Club.

Mi llegada fue un poco anticipada, así que presencié la parte final del backstage con los últimos preparativos, gente que se movía con velocidad pero sin agitación, cosa que es muy buena, ultimando detalles como la ecualización del sonido del grupo jazzístico que acompañó la llegada de los primeros socios y amigos, los equipos de sonido de la banda de rock que nos acompañó después y la sofisticada instalación de nuestro Presidente Todoterreno. Nomás comenzaron a entrar al salón los amigos, empezaron a aparecer mozas portando bandejas llenas de riquísimos bocaditos y bebidas varias. Comí de todos los colores, por eso puedo dar fe de que eran ricos todos. La música acompañaba con una extrema sutileza, tanta que nunca fue obstáculo para las conversaciones que en seguida empezaron a llenar la noche, sutileza suficiente como para permitir apreciar que el grupo de jazz hacía buena música y que la hacía muy bien.

En cierto momento empezaron a llegar muchos amigos al mismo tiempo, con lo cual se dio una sucesión ininterrumpida de saludos y trozos de conversación y la promesa de seguirla en un rato. La “rama femenina”, con una concurrencia más que importante, se ubicó en un par de mesas de forma espontánea, y a medida que se completaba el total nos fuimos ubicando todos en derredor de las mesas dispuestas para dar inicio a la comida. La comida, rica, abundante y sin contras, como ya nos tiene acostumbrados el Bocha González, una entrada, un principal de carne en cocción lenta con milhojas de papa que estaba riquísima y se cortaba con la mirada y el postre. Además, muy eficientemente servida, al punto de que sirvieron a todos los comensales en poco más de cinco minutos.

A esa altura de la soirée dimos paso a la etapa institucional de la Cena, con los agradecimientos de rigor y las esperanzas de un año 2023 que supere lo que nos dejó el 2022. Acompañé al Presidente Dany Alegre en su racconto de todo lo que hicimos durante el año y en la entrega de reconocimientos a socios destacados. Le hicimos entrega al Suizo de una prolija copia de la Resolución de Comisión Directiva por la cual se le reconoce su condición de Socio Vitalicio y le entregamos un diploma a nuestro campeón del Superbru 2022, Eduardo Mastantuono. Con palabras sentidas y agradeciendo el acompañamiento de los socios a nuestra gestión, dimos por concluida esa etapa y pasamos a la siguiente.

Una banda de rock tomó posesión del salón llenándolo de música. ¡Y qué música|! ¡Beatles a full! Yo me canté todo, bueno, digamos cantar. Y pisándole los talones a la banda rockera (el piatto

forte para el final) nuestro Presidente con su apreciadísimo oficio de DJ. A golpes de música la “rama femenina” que había empezado a avanzar terminó invadiendo la improvisada pista de baile. De repente se lo vio al Suizo que avanzando con el auxilio de sus soportes tecnológicos ad- hoc, se incorporó al grupo y empezó a lustrar el piso, primero apoyándose en el respaldo de una silla y, después, caídas sus escasas inhibiciones, revoleando los bastones de ski por el aire. El esprit de corps del Suizo provocó que varios sin miedo al ridículo termináramos entregados al desenfreno. ¡Qué lindo que es el rock’n roll! ¡Y qué mal que bailo!

Todos los eventos del Club son para el recuerdo, cada vez que hablo con alguien “de afuera” son estas las cosas que comento para explicar qué somos y qué es lo que hacemos. Pero esta cena fue de verdad formidable. Linda manera de despedir un buen año y una vara que querdó bien alta para hacer un 2023 mejor todavía. Sólo resta agradecer a todos nuestros consocios y amigos que vienen acompañándonos, particularmente algunos como Miguel, José Luis, Héctor y Luciano, que son verdadera historia viva del Club, y asegurarles que tenemos la firme intención de hacerlo mejor.

¡Chau 2022! ¡Hola 2023! Vermut con papas fritas y ¡good show!

por Fredy Yantorno

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